Aquí y ahora comenzamos una nueva serie de reportajes que nos llevarán a repasar los discos más importantes del rock estatal en los años ’90.

Serán 10 posts, uno dedicado a cada año, en los que haremos las críticas de los discos que consideramos imprescindibles. No estarán todos los que son, pero si serán todos los que estarán. Esperamos que disfrutes esta guía tanto como lo he hecho yo escribiéndola.

Empecemos sin más dilación.

 



HÉROES DEL SILENCIO – Senderos de traición (Crítica)

Segundo álbum de estudio de Héroes del Silencio, y primer gran bombazo a todos los niveles.

A mí personalmente no es un disco que me vuelva especialmente loco; creo que obras posteriores supusieron un incremento de calidad a todos los niveles muy superior. Pero hay que ser realistas y objetivos: Senderos de traición marcó un antes y un después en la carrera de los maños, y “Entre dos tierras” tuvo mucho que ver.

Creo que por aquellos tiempos aún se movían a medio camino entre el pop de radiofórmulas, y el rock duro que desarrollarían en los siguientes pasos de su carrera.

Y aunque el plástico sonaba bien, la producción de Phil Manzanera y la mezcla de Keith Bessey en los Metropolis Studios de Londres situaban a Héroes en unas sonoridades que, para mi gusto, no terminaban de hacer brillar lo que se escondía bajo el innato e inmenso talento que evidentemente se venía vislumbrando ya desde su LP de debut.

A pesar de los pesares, y volviendo al quemazón que con los años tienen sobre todo la mencionada “Entre dos tierras”, que abría el trabajo de manera brillante, o “Maldito duende”, la amalgama de composiciones que se alienaron en aquel larga duración de 12 pistas era envidiable. Me remito a piezas exquisitas como “La carta”, “Oración”, “Decadencia” o “Con nombre de guerra”.

Héroes del Silencio ponían una piedra angular más en una trayectoria que ya estaba dejando huella en casa, y más allá de nuestras fronteras. Y es que las enrevesadas y majestuosas letras de Bunbury, unidas a una maraña musical pocas veces vista por estos lares, explotaban en una combinación con un atractivo innegable. El tiempo les daría la razón, terminando por conformar y confirmar a una de las bandas más grandes que ha parido la madre patria.

NOTA: 8 / 10



BOIKOT – Los ojos de la calle (Crítica)

Debutaban los madrileños Boikot con este Los ojos de la calle, y ponían una primera piedra muy enfocada al rock urbano que se facturaba en aquella época, con un sonido y una actitud que rondaban lo que estaban haciendo Barricada o La Polla.

Siempre tiraron hacia el punk sin dejar de lado su rollo y poso rockero, y en estos ya lejanos inicios era un tira y afloja entre ambos estilos.

Algo así como hago rock pero de vez en cuando me sale la vena punkarra, tanto en letras como en música.

Y el caso es que lo hacían muy bien.

De los 10 cortes que poblaban el LP, hoy no queda nada en los repertorios que gastan en directo. Cierto es que apenas tiene nada que ver con lo que empezaron a hacer a raíz de la salida de Bronko de la banda, pero de esas 10 canciones bien podrían recuperar alguna, porque temazos como “Esperando en el metro” o “La noche más larga” no entiendo que hayan quedado relegadas al ostracismo.

Sin darse cuenta estaban formando una nueva hornada de bandas madrileñas al amparo de Barrabás, el Canci, y Mariano García, que por cierto, produjo el álbum.

Hablando de la producción… pues lo que había en aquellos primeros ’90: se hacía lo mejor que se sabía dentro de las limitaciones que debía haber con respecto a lo que nos llegaba de fuera.

Sin ser tiquismiquis, lo que salía por los altavoces era, al menos, adecuado.

Para ir concluyendo: un primer disco a la venta entretenido, con ideas potenciales no del todo desarrolladas, un sonido que sin ser el copón tampoco se cargaba lo demás, y una actitud irreprochable que dejaba ver ganas de pelea. Boikot daban sus primeros pasos al amparo de lo que estaba empezando a cocerse en la capital, y dejaron su impronta en un movimiento donde, a la postre, se juntarían todas las vertientes del rock.

NOTA: 7 / 10



CELTAS CORTOS – Gente impresentable (Crítica)

Reconozco que aunque Celtas Cortos siempre me han gustado, nunca he indagado todo lo que debería en su intensa e inmensa discografía.

Y quizá es porque, matizando mis propias palabras, había y hay una parte de ellos que me tira para atrás: aquélla que se alejaba más del rock para adentrarse en sonidos más celtas y folkies.

Pero eso no quita que cuando se ponían a dar cera en serio, siempre me hayan encantado. Y no sólo cera; sus grandes e históricas baladas me llenaron desde el minuto uno.

Incluso cuando tiraban de retahílas alejadas de todo y bailaban a su propio son, también me despertaban alguna que otra sonrisa.

Centrándome ya en este LP que nos ocupa, no puedo más que quitarme el sombrero. Y es que dentro del envoltorio que recubría este Gente impresentable, aparecían puntales cumbre en la trayectoria de los vallisoletanos.

Cuatro canciones remarco por encima de las demás: “¿Qué voy a hacer yo?” que iba en la pole, la inmortal “La senda del tiempo”, la anti-bélica “Haz turismo”, y el cierre con la homónima “Gente impresentable”.

Sólo por estos cuatro cortes ya merece la pena que te lo pongas y lo escuches detenidamente. Además, es con este segundo disco que los Celtas se animan a meter letras, con un Cifu que ya empezaba a dejar pinceladas de su gran talento como escritor y compositor.

Es un álbum al que recurro con cierta asiduidad, porque tiene una frescura y un “algo” especial. Y la melancolía que se gesta a cada escucha de “La senda del tiempo” deja una muesca imborrable en la memoria de muchos, entre los que me incluyo.

Y es que a veces llega un momento en que te haces viejo de repente. Y cuanto más viejo te haces, más veces llega ese momento.

NOTA: 7 / 10



PLATERO Y TÚ – Burrock’n Roll (Crítica)

Este plástico que nos ocupa realmente no es un disco como tal. Burrock’n roll es la primera maqueta con la que los Platero se presentaban en sociedad, y se editó originalmente en cassette en 1990. Sería dos años después cuando se reeditaría tanto en vinilo como en CD.

Pero lo que contenía era tan brutal, tan original, primigenio, bien hecho y natural, que no hemos podido resistirnos a incluirlo en este repaso.

Hablamos de un buen puñado de canciones que marcarían a fuego a la primera gran hornada de seguidores, aquélla que a principios de los ’90 estaba ávida de recibir con los brazos abiertos a la nueva savia del rock estatal.

Y la verdad es que Fito, Uoho y compañía lo pusieron fácil. De las entrañas de su Bilbao natal sacaron una serie de canciones en mayúsculas que les pusieron en boca de todos. No había Internet, pero el boca a oreja funcionó.

Funcionó porque Platero y Tú estaban destinados a ser muy grandes, porque sólo los grandes de verdad se muestran así de bien en una primera puesta de largo. Y es que debutar con “Un ABC sin letras”, “Ramón”, “Ya no existe la vida”, la versión del “Rockin’ all Over the World” de John Fogerty y que también usaron Status Quo, y que bautizaron como “Si tú te vas”, o “Esa chica tan cara”, son palabras mayores.

Quizá soy poco objetivo, porque Platero son y serán por siempre una de mis bandas predilectas. Supongo que el hecho de que se bajaran del carro en su mejor momento y que no hayan vuelto a dar señales de vida (estando juntos) acrecenta esa sensación. Pero también supongo que no soy el único que lo siente así. Esto va por todos aquéllos que les echan tanto de menos como yo.

NOTA: 8 / 10



SOZIEDAD ALKOHÓLIKA – Intoxikazión etílika (Crítica)

Con una duración que apenas superaba los 23 minutos, Soziedad Alkohólika se ponían en marcha con Intoxikazión etílika, que se concibió como maqueta, y que años después fue remasterizada y editada como LP.

Pero no podemos entender el rock estatal de los ’90 sin hablar de estas 11 pistas que distaban mucho de los parámetros por los que se movía el rock en España.

No hacían rock urbano (no eran Barricada ni bebían de Leño), no hacía punk (no eran La Polla ni Eskorbuto), no hacían thrash (no eran Legion), no hacían heavy (no eran Ángeles del Infierno), no hacían hard rock (no eran barón Rojo ni trabajaban el progresivo como Coz o Asfalto)…

Hacían todo y nada, escupían rabia, abrasaban con dobles bombos, afilaban las guitarras, tocaban a toda hostia, y tal conjunto terminaba por reventarte los sesos.

Y como digo, en menos de media hora; suficiente para dejar claro a la vista y oídos que iban a dar guerra por los siglos de los siglos.

Para la posteridad quedaron registrados temas como “S.H.A.K.T.A.L.E”, “Nos vimos en Berlín”, “Padre Black & Decker” o “Sin Dios ni ná”. Salvajadas acústicas donde no dejaron títere con cabeza despotricando contra las mil y uno injusticias que asolaban el panorama mundial, y que tiene cojones que hoy en día sigan vigentes; cambio de siglo incluido.

El manido inconveniente que se encontraban las bandas de aquella hornada a la hora de sonar bien y plasmar lo que tenían en la cabeza en una grabación profesional, quedó solventado en este caso por la casi nula necesidad de tener una producción acorde; la tralla desenfrenada que manipularon los vascos no requería desorbitadas florituras ni descomunales matices. Era aceite hirviendo vertido sobre tus orejas: abrasivo, corrosivo y acojonante. La primera patada en la cara de las muchas que nos iban a brindar S.A. en su carrera.

NOTA: 7 / 10



LA POLLA RÉCORDS – Ellos dicen mierda, nosotros amén (Crítica)

A mí personalmente La Polla Récords nunca fue una de las bandas que ocuparan mis cabeceras musicales en los ’90, ni tampoco ahora es un grupo al que recurra con asiduidad.

Y será debido a que siempre me tiró más el rock o el metal, que el punk.

Pero una cosa no quita a la otra. Y es que este Ellos dicen mierda, nosotros amén es uno de los puntales básicos a la hora de entender la evolución del punk estatal en aquellos años, y es que se armó de varios temas que a la larga pasarían a la historia del rock facturado dentro de nuestras fronteras, como “Mis cojones y yo”, “Así es la vida”, o la propia “Ellos dicen mierda”.

Evaristo Páramos y su séquito pusieron sobre la mesa un LP muy completo, con una producción correcta (sin muchos alardes, pero cumplidora), y un puñado de escupitajos punkarras que hacían daño.

Poco más de media hora de duración, como mandan los cánones, que les servía y les sobraba para seguir al frente de una escena peleona que iban a encabezar en tiempos venideros (y que de hecho ya estaban encabezando) donde las letras corrosivas y la velocidad de la música se ponían a merced de unas melodías siempre bien llevadas, y que en directo funcionaban que te cagas.

Lejos de todo y de todos pero encajando en cualquier sitio, La Polla Récords iban y venían sin sobrar en ningún lado. Y este disco que nos atañe tuvo gran culpa de que otras bandas que llegaron poco después encontraran todas las puertas abiertas en un estilo y un mensaje de todo menos comercial. El punk patrio estaba de enhorabuena tras darse un buen revolcón en la escucha del primer LP de los vascos en la década que nos atañe.

NOTA: 7 / 10