robe destrozares criticaSegunda entrega de Roberto Iniesta en solitario, donde vuelve a desnudarse emocionalmente, en una obra repleta de melancolía y reflexiones que rebosan tristeza por los cuatro costados.

El álbum se presenta con una portada muy apocalíptica bajo el título de Destrozares. Canciones para el final de los tiempos, que nos pone sobre la pista de lo que nos vamos a encontrar en su interior.

“Hoy al mundo renuncio” abre el plástico de forma sosegada, melodías “orquestales” y muchos violines, nota predominante de toda esta obra. En el segundo corte, “El cielo cambió de forma”, nos topamos con un tema con toques aflamencados, con presencia de piano, que por ratos tiene cierto toque de tango.

Cuando empezó el tercer corte “Querré lo prohibido”, no sabía si me enfrentaba a un tema de The Corrs o del propio Robe, que hasta que no se puso a cantar no sabía por dónde me andaba, y eso que la canción se anima recordándome a los Extremo de Canciones prohibidas. Siguiendo con la misma línea aparece “Cartas desde Gaia”, pero con más presencia de violines.

El track cinco, “Del tiempo perdido”, es otra vuelta a recrearse en la melancolía, siete minutos más de tristeza. Y por fin llegamos a lo que yo considero la mejor canción del disco, “Por encima del bien y del mal”, tema que sirvió de adelanto, y que me trasporta al Robe que más me gusta, y si encima se apoya con un buen vídeo el resultado es mejor.

Poco más me dice “Donde se rompen las olas”, que vuelve a recrearse en la añoranza aunque presente un ritmo y melodía muy bonita.

Con el título de la siguiente, “Puta Humanidad”, piensas que la canción estará muy en la línea de Extremoduro, pero no, esto es Robe, nada que ver.

Y abordando el tramo final, “La canción más triste”, que no deja de ser eso, una canción triste. Y cerramos con “Destrozares”, sin ninguna sorpresa.

Al final lo que nos queda es un disco muy otoñal, lleno de añoranza, melancolía, de soledad y tristeza. Personalmente prefiero quedarme con las canciones de amor y guerra del Robe transgresor de los tiempos de Agila y no de este Robe “cultureta”, más reflexivo, aunque sabemos que esto no es Extremoduro, más bien es el resultado de un ejercicio terapéutico donde el de Plasencia deja salir de sus entrañas toda la tristeza y nostalgia que lleva un poeta dentro, y en definitiva hacer lo que le pida el cuerpo.

NOTA: 7 / 10