NOTA: 7 / 10 metallica load

Pocos, por no decir ningún disco dentro de la escena del rock duro, superan en controversia generada al sexto álbum de estudio de los jinetes de San Francisco.

 

Previsto para el 6 del 6 del ’96, oficialmente salió el 4 de junio. Desconozco los motivos.

 

Metallica llevaban en el limbo discográfico cinco años, los que habían transcurrido desde la publicación de su LP homónimo, el celebérrimo Black Album, con la consiguiente gira que les llevó por todo el planeta y que culminó con la publicación de Live shit: Binge & purge, la antológica caja que es parte de la historia de la música moderna.

 

Un año antes de la publicación del disco que nos ocupa, Metallica realizaron uno de sus famosos Escape from the Studio para encabezar el cartel del que en aquellos momentos seguía siendo la meca del Metal, el orgulloso Monsters of rock del mítico circuito de Donington Park. Dicen las malas lenguas que salvaron el festival accediendo a encabezarlo, pero por lo que se leyó en la prensa especializada de la época, los four horsemen descargaron con el freno de mano puesto, siendo superados por unos emergentes White Zombie.

Por lo visto aquella noche soltaron un tema nuevo, que a la postre recalaría en Load.

 

Ya centrándonos en la movida, los palos que les dieron fueron de todos los colores. Casi nadie quedó conforme con el nuevo trabajo; los fans acérrimos imagínate, y la prensa tampoco ayudó precisamente. Cortes de pelo, imagen alejada de la que habían proyectado en sus tiempos mozos… Un envoltorio excesivamente mainstream para los reyes del thrash.

 

“Ain´t my bitch” era en trallazo digno, de los clásicos para abrir disco y concierto. Pero que ya de entrada dejaba entrever por donde iban a ir los tiros, y aunque el tema realmente funcionaba, las baterías habían sufrido una producción rimbombante donde la sequedad de la pegada había desaparecido.

 

“2×4” y “The house Jack built” ponían las cartas sobre la mesa. Rock alternativo potente, sí, pero rock alternativo. Ni un atisbo de metal, y mucho menos de thrash. Guitarras densas, ritmos ralentizados, aire Sabbath almidonado con Pearl Jam, cadencia casi fortuita… “Until it sleeps” se llevó las primeras hostias al ir de single, pero la verdad es que era una canción francamente buena. Oscura, con subidas, con inspiración.

 

“King nothing” se englobaba en las pocas que rabiaban con fuerza, evidentemente resultando de lo mejor, mientras que “Hero of the day” hacía que los que habían rozado el reproductor de Cd con los pinchos de la muñequera, directamente lo sacaran, lo metieran en su cajita, con su portada sin el logo clásico y que francamente era una mierda como un piano, y lo mandaran a tomar por culo.

“Poor twisted me” y “Wasting my hate”, aunque descafeinadas, no estaban mal en sus primeras escuchas, a la vez que “Mama said” no pintaba nada en esta historia, aún siendo un buen tema…

 

Lo demás eran refritos de ideas que no terminaron de cuadrar, y lo que único que consiguieron fue alargar hasta los casi 80 minutos un LP que con 45 podía haber quedado chulo. Chulo siempre que lo mires desde la perspectiva de que quién lo ha grabado no se llama Metallica, porque siendo sinceros, aunque a mí me moló medianamente, el legado del grupo quedó por los suelos, no porque fuera una mierda de trabajo, sino porque no era lo que se esperaba de ellos.

 

Como álbum, un notable. Como álbum de Metallica, de los Metallica del Ride the ligthning, Kill’em allUna cagada monumental.