korn korn critica

Era el año ’94, y el Nü Metal estaba en las puertas de llevarse por delante todas las versiones de la música dura, y sentarse en el trono de los amantes de las guitarras potentes. Bueno, realmente acabó recibiendo tantos palos como halagos, el estilo digo, pero nosotros a lo que vamos es a analizar lo que hicieran Korn con su disco de debut, y que decidieron titular, en una alarde de imaginación o, en su defecto, una declaración de intenciones, con el propio nombre del combo.

Dejaron los pitillos y los pinchos de lado, para vestirse con chándales tres tallas más grandes de lo necesario, y supuraron los sonidos de las cuerdas de los bajos y de las guitarras para cocinar una suerte de metal abrasivo, corrosivo, y qué coño, contemporáneo.

Congeniaron con los problemas de los barrios bajos, con las personalidades opresivas, con las tardes otoñales de los adolescentes hastiados, y se hicieron grandes. Sí, sí, como te lo estoy contando. Con esos mimbres, y claro, este acojonante disco que les colocó en boca de todo Dios.

Porque seamos justos: más allá de la imagen, del boom, del rollazo que tenían, Korn fueron en este primer plástico una bandaza como la copa de un pino. Unos compositores geniales, y unos ejecutores destructivos. Eran diferentes y genuinos, potentes y escurridizos, cercanos pero divos. Nuevas estrellas del rock sin querer serlo.

“Blind”, “Ball tongue”, “Clown”, “Fagget”, “Shoots & ladders”, el excéntrico y agonizante cierre con “Daddy”… Mogollón de pistas incendiarias; banda sonora perfecta para vomitar los demonios internos.

La subversión, la exposición pública de las mierdas más oscuras que la mente del atormentado Jonathan Davis era capaz de generar, la saturación y vuelta de tuerca que le dieron al concepto de heavy metal, la inclusión de gaitas, y el “Are you ready?” de primera confrontación recitado como si le estuvieran matando, supusieron un golpe de efecto venido a más en una escena que se empezaba a diversificar sin opción de mirar atrás.

NOTA: 8,5 / 10