NOTA: 10 / 10. agila

Si preguntas a un fan de Extremoduro, lo más normal es que te diga que Agila es su mejor disco. Si preguntas a 100, al menos 75 te dirán lo mismo. A mí me costaría decantarme, pero seguramente, también terminaría cediendo.

 

Entrando ya en harina, hablamos del año 1996. Yo lo enganché a los pocos días de su salida, gracias a un compañero ultrafan que nos surtió a todos de aquel deseado trabajo del que todos hablábamos, y que lo estaba reventando por todos los sitios.

 

Así a bote pronto podría contarte que lo quemé; no salió en mucho tiempo de mis reproductores. Robe había conseguido el punto exacto entre la exasperación, la melodía, la caña, la mala hostia y la brillantez. Lo llaman talento.

 

Venían de Pedrá, casi media hora del tirón donde hicieron lo que les salió de los mismos, de haber dado el salto a pabellones, pero aún arrastraban leyendas negras que rondaban por ahí; no había Internet a nivel masivo y la invención de la gente alcanzaba cotas inimaginables. Mas desde aquí todo cambió. El viraje que realizaron de 180º como grupo, como profesionales, les colocó directamente en el trono del rock estatal de la época. Y Agila tuvo casi toda la culpa.

 

¿Los temas? Puff, yo que sé… No hay ni uno que falle. “Buscando una luna”, “Prometeo”, “Sucede” y “So payaso” (¿quizás el tema más versioneado de Extremoduro?) configuraban un elenco tan abrumador que a día de hoy sigue siendo casi insuperable.

 

“El día de la bestia” les acercó a un público masivo al colarse en la BSO de la peli homónima, y el “Me estoy quitando” de Tabletom se ha quedado instaurado en la cultura popular.

 

Les sirvió para lanzarse a la carretera en una intensa gira que llenó varias veces la Sala Canciller, antes de juntarse con Platero y triunfar a lo grande en un puñado de fechas donde se intercalaban en el escenario, juntos y revueltos, con dos noches soldout en el Palacio de Deportes.

 

Como decía, ya nada volvió a ser lo que era, y Extremoduro se convirtió en un monstruo que Robe ha sabido manejar como un grande.

 

Agila sigue sonando atemporal, vivo, actual y sorprendente. Y han pasado 20 años. Sobran las palabras.